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ALIMENTOS VITALES VS DIETAS DESVITALIZADAS

Por Claudia Grinvalds

alimentos muertosA partir de la segunda mitad del siglo XX y a raíz de la profunda transformación social y económica,  nuestra alimentación ha sufrido importantes modificaciones. Estas modificaciones han traído consecuencias relevantes en la salud de las dos últimas generaciones: el aumento de alergias, diabetes, enfermedades autoinmunes, infertilidad, cáncer, entre otras enfermedades crónicas relacionadas directamente con nuestra forma de vida y nuestra alimentación.
Empeorando aún más las cosas,  en vez de rectificar lo que comemos eligiendo alimentos de calidad y propiciando una vida más saludable, optamos por intoxicarnos con fármacos dirigidos a eliminar el síntoma sin tratar el problema de fondo.

Pero… ¿cuál es el problema de fondo?


Si nos fijamos en los carritos de la compra en el supermercado, veremos que la mayoría de los artículos son alimentos que se anuncian como saludables y ligeros por medio de etiquetas llamativas y eslogan convincentes. A pesar de los datos que nos informan sobre los componentes de los alimentos que estamos comprando, en realidad estamos siendo seducidos para adquirir productos que, engañosamente, nos insinúan que van a mejorar nuestra calidad de vida:

Vamos a estar delgados, llenos de energía, con mucho tiempo libre, nuestros hijos crecerán fuertes e inteligentes y nosotros nos mantendremos por siempre jóvenes…

Y es que hoy en día, a pesar de tener acceso a toda la información, caemos en un exceso de confianza en ciertas instituciones y creemos en todo lo que nos dicen aunque muchas veces esa información sea infundada y estereotipada.  Hemos perdido la conexión con lo que comemos y nuestros alimentos han dejado de estar vivos y, por lo tanto, han dejado de servirnos como medicina, que era la manera como comían nuestros antepasados… aunque los anuncios seductores nos cuenten otra historia.

A continuación, algunas recomendaciones sobre esas Instituciones en las que confiamos:

  1. Diferentes Concejalías de Salud del país recomiendan para:

 

  • La diabetes: tomar en el desayuno/merienda un vaso de leche (con la explicación siguiente: «Se recomienda medio litro de leche diario en un adulto sano. Es un alimento básico del que, si es posible, no se debería prescindir nunca»), endulzado con edulcorante y galletas María.
  • La obesidad: limitar las grasas (no hay ninguna alusión a los diferentes tipos de grasas), promover el uso del microondas, preferir bebidas “light”, endulzar con edulcorantes de tipo sacarina y aspartamo…
  • La osteoporosis: tomar de 3 a 4 raciones de lácteos al día para un correcto aporte de calcio.

 

  1. En Hospitales se siguen programas de salud similares, siendo costumbre dar a los pacientes zumos envasados, bollería, panes, postres lácteos (natillas, arroz con leche, etc.) todos ellos productos industriales con aditivos, alto contenido de azúcares y muy pobres en vitaminas y minerales.

 

  1. En los comedores escolares, donde dejamos a los niños para que se alimenten bien, nos encontramos con que suelen contratar empresas especializadas que utilizan, ellas también, productos industrializados con exceso de azúcares y, en general, preparan y organizan las comidas siguiendo unas reglas de alimentación de dudosa validez.

Tanto unos como otros basan su programa de alimentación saludable y equilibrada en datos obsoletos y puramente cuantitativos, es decir, número de calorías, cantidad de grasa y azúcar, descuidando el aspecto cualitativo como, por ejemplo, los procesos de transformación a los cuales ha sido sometido el alimento, su origen y la conservación de los micronutrientes, entre otros. Miremos este tema con un poco más de detalle:

 

  • Generalizar sobre las grasas y recomendar su disminución en patologías de sobrepeso es seguir en un sistema de nutrición muy simplista. Las grasas son un grupo muy amplio de macronutrientes y parte de ellas regulan numerosos aspectos de la fisiología como reforzar el sistema inmunológico, reducir la inflamación, promover la salud cardiovascular y nerviosa o disminuir el colesterol en sangre entre muchas otras y, por lo tanto, son esenciales para el buen funcionamiento del organismo. En lugar de generalizar eliminando todas las grasas habría que diferenciarlas y dosificarlas en cada caso particular.
  • Si optamos por un alimento “light”, tenemos que saber que le han quitado nutrientes naturalmente presentes (grasas, azucares, etc.) y en su lugar le han añadido otros, perdiendo su verdadera naturaleza. Por ejemplo, si tomamos edulcorante porque nos gusta el dulce y no queremos prescindir de él, estamos incorporando un químico que hasta el día de hoy sigue creando polémica por sus efectos sobre la salud.  Además, estaremos tomando cantidades excesivas con la excusa de que no engorda.
  • En cuanto a los lácteos, acidifican la sangre lo que provoca mediante diferentes mecanismos de regulación la desmineralización del hueso para así mantener  el pH de la sangre. Este hecho pone en duda otro de los tópicos: la leche es buena para los huesos.

La actual preocupación de si lo que comemos  engorda, si es bueno para el sistema cardiovascular o para el tránsito intestinal y, en general para nuestra salud, es una preocupación esencial y muy real. Estamos empezando a tomar conciencia de la importancia de lo que incorporamos.  Nos toca ahora revisar y actualizar la información que tenemos y que continuamente llega a nosotros, poniéndonos al día y haciendo frente a muchos estereotipos. Hacernos responsables de nuestras elecciones y preferencias en cuanto a lo que comemos es fundamental, al igual que tener presente que hay  intereses que pueden estar manipulando la información y por lo tanto afectando nuestras decisiones, nuestra salud y calidad de vida.

 

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